viernes, 20 de febrero de 2009

La mentira de Piñera, Espina y Uribe


Hace unos meses, llegaron directo desde Colombia el Senador por la Araucanía, Alberto Espina, y el candidato presidencial de la derecha, Sebastián Piñera, con unos documentos bajo el brazo. En el país centroamericano se habían reunido con el presidente Álvaro Uribe y éste les aseguró que en el computador del asesinado Comandante Raúl Reyes se habrían encontrado correos electrónicos de chilenos y mapuches hacia las Farc, pidiendo entrenamiento militar y manifestando verdaderos nexos operativos con el grupo guerrillero.


Espina y Piñera volvieron felices con esos papeles, jurando que todo era verdad y que al fin iban a poder ligar a los grupos sociales y políticos de izquierda de Chile con la guerrilla colombiana, que ellos consideran terrorista.

Bueno, después de hacer un enorme escándalo y de estigmatizar a mapuches y personas de la izquierda, el fiscal nacional Sabas Chahuán –quien lleva la investigación en el ámbito judicial- dijo ayer que no hay pruebas para ligar a chilenos con las Farc.


Con esto quedó demostrado que todo fue un montaje de la derecha para criminalizar a los movimientos sociales y quitarles la legitimidad que se han ganado en la lucha, mientras aumentaban su campaña del terror. Ese afán de hacer creer que en Chile la delincuencia y la violencia están a la orden del día y que los únicos que nos pueden salvar son ellos: los paladines de la seguridad ciudadana.


Por otro lado, mientras Piñera y Espina se abrazan con Uribe, tratan de hacer creer que las Farc son un grupo terrorista Sólo algunos datos: más de 88 mil líderes sindicales han sido asesinados por oponerse al Gobierno en los últimos dos años, el 60% de la población es pobre y cada vez se agudiza más la diferencia de ingresos en uno de los países más desiguales de América Latina. No por nada existen las Farc, que día a día intentan producir reformas sociales y políticas a favor del pueblo colombiano.


La persecución a cualquiera que proteste es pan de cada día en el país de Uribe, un presidente ligado a los paramilitares y que sólo busca eliminar a todo el que piense distinto a él para eternizarse en el poder. Ésta es la política que Piñera y Espina quieren replicar en Chile.

viernes, 13 de febrero de 2009

Transantiago


Este jueves 12 de enero ha aumentado la tarifa del transporte “público” en Santiago. Desde el día de ayer tendremos que pagar $20 pesos más en la micro, o sea que el pasaje costará ¡400 pesos! Y en el metro tendremos que pagar $40 pesos más en horario punta y $20 pesos más en horario valle, por lo tanto pagaremos ¡$460 y $400 pesos! respectivamente.


Esta situación es totalmente injusta para nosotros los santiaguinos, ya que hemos tenido que lidiar con el desempleo, que cada vez afecta a más familias dejándolas en la calle. Hemos tenido que lidiar con el alza de los alimentos, con el alza de la luz, el petróleo, con el mismo descontento que ha provocado el Transantiago y ahora, más encima, tenemos que pagar el aumento de la tarifa en el transporte... por una movilización que día a día da más de un dolor de cabeza a quien lo usa. Claro, y nosotros acatamos llenos de impotencia creyendo que no se puede hacer nada.


En tiempos donde más que nunca debemos apretarnos los cinturones, estaremos financiando a los bancos, que son los que administran el sistema del Transantiago. Muchos se preguntarán ¿Cómo es que financiamos a los bancos? El sistema funciona así: tú pagas el pasaje; esa plata va al Administrador Financiero del Transantiago (formado por Banco Estado, Banco de Chile, BCI , Banco Santander, CMR Falabella y Sonda); los bancos se dejan un porcentaje para ellos y distribuyen el resto de la plata entre los empresarios de los buses y el Metro.


O sea, la plata de nuestro pasaje va derechito a las billeteras de los más ricos de este país: empresarios bancarios y microbuseros. Con tal de que ellos en tiempos de crisis no pierdan plata, le suben la tarifa a los ciudadanos que no tienen la culpa de que el Gobierno junto con las empresas haya hecho mal las cosas desde un principio. Y ni hablar del transporte en regiones, que ha subido sus tarifas excesivamente. Un transporte que es realmente malo, como si la gente no tuviera que pagar cuentas o alimentar a sus familias.


La única solución que ofrecía el Gobierno para evitar esta alza era que el Estado subsidiara el sistema de transportes, lo que también es injusto porque se le está pasando dinero del Estado a los bancos. O sea, el pueblo chileno entero estaría financiando un sistema de transportes en el cual no podemos tomar ninguna decisión. En pocas palabras, el pueblo entero le estaría regalando plata a los empresarios, siendo que ese dinero podría ir para la generación de planes de empleo, para salud, educación o para mejorar las políticas sociales.


Éste es el momento para volver a poner en la discusión la estatización del transporte público. Un transporte que sea financiado por el Estado y que no busque lucrar a través de las empresas, sino que servir a los miles de santiaguinos que nos movilizamos en micro y/o metro. Es la única solución para que ni el Estado, ni los ciudadanos financiemos a los grandes bancos y para que de una vez por todas tengamos un transporte digno.


No nos dejemos engañar con las típicas excusas de que tenemos un transporte mejor que en otros países o que la cosa está mejor que cuando estaban las micros amarillas. No seamos conformistas. Aunque no podamos influir directamente en las decisiones del Gobierno, no me cabe la menor duda que podemos presionar. Es cosa de organizarnos y exigir lo que nos merecemos: un transporte de calidad y barato.


Por el derecho a un transporte digno y barato…

¡¡Que el Gobierno se haga cargo!!

Venezuela, por una patria digna

Este domingo se vota en Venezuela la enmienda que permitiría la reelección indefinida del Presidente de la República y de todos los cargos de representación popular. O sea, la posibilidad de que el pueblo elija a quien quiera de Presidente, aunque ya haya ocupado ese cargo.

Venezuela comenzó hace diez años, en 1998, un camino hacia el socialismo para mejorar las condiciones de vida de la gente. El proceso fue interrumpido en 2002 por un golpe de Estado, que fue revertido a los pocos días. Desde entonces, el proceso socialista ha contado con una férrea oposición de la oligarquía venezolana.

El camino no ha sido fácil, si se considera que esta oposición cuenta con más recursos económicos, medios de comunicación y con el apoyo irrestricto del gobierno de Estados Unidos. Una y otra vez los opositores han amenazado con golpes de Estado y los gobernadores derechistas han hecho todos sus esfuerzos para eliminar las políticas sociales que ha instaurado Chávez en sus zonas, privilegiando a los ricos y quitándole sus derechos a los pobres.

La victoria en Venezuela no llegó con los sucesivos triunfos de Chávez. Con la primera derrota de la clase dominante no se llega al socialismo ni se logra la paz. Ejemplo de esto es Cuba, que aunque ya lleva 50 años de camino revolucionario, aún no concluye la guerra con Estados Unidos y no ha logrado vivir en paz durante todos estos años.

El pueblo venezolano está en guerra. En guerra contra Estados Unidos y contra la oligarquía de su propio país. Sería un error cambiar de comandante en momentos de guerra, sobre todo considerando el riesgo de golpe de Estado que se tiene sin una presencia como Chávez. "Si la oposición llega al poder habrá una guerra, por eso es necesario garantizar la continuidad del proceso revolucionario democrático bolivariano y ahí está la propuesta de la enmienda constitucional", afirmó el Presidente venezolano.

La oposición le tiene miedo a Chávez, que mantiene casi un 60% de apoyo, que no se deja atemorizar por las declaraciones internacionales en su contra y que tiene la decisión de continuar firmemente con el proceso bolivariano. Por eso, han denostado esta propuesta argumentando que Chávez lo que quiere es su reelección por un asunto de personalismo y con el fin de terminar con la democracia en ese país.

Según los sondeos, la enmienda sería aprobada el domingo. El pueblo venezolano nos puede demostrar una vez más que lo mejor es guardarse la resignación en un bolsillo, que se puede derrotar en sucesivas batallas a los poderosos y que es posible soñar con un mundo más justo y solidario.