Hace unos meses, llegaron directo desde Colombia el Senador por
Espina y Piñera volvieron felices con esos papeles, jurando que todo era verdad y que al fin iban a poder ligar a los grupos sociales y políticos de izquierda de Chile con la guerrilla colombiana, que ellos consideran terrorista.
Bueno, después de hacer un enorme escándalo y de estigmatizar a mapuches y personas de la izquierda, el fiscal nacional Sabas Chahuán –quien lleva la investigación en el ámbito judicial- dijo ayer que no hay pruebas para ligar a chilenos con las Farc.
Con esto quedó demostrado que todo fue un montaje de la derecha para criminalizar a los movimientos sociales y quitarles la legitimidad que se han ganado en la lucha, mientras aumentaban su campaña del terror. Ese afán de hacer creer que en Chile la delincuencia y la violencia están a la orden del día y que los únicos que nos pueden salvar son ellos: los paladines de la seguridad ciudadana.
Por otro lado, mientras Piñera y Espina se abrazan con Uribe, tratan de hacer creer que las Farc son un grupo terrorista Sólo algunos datos: más de 88 mil líderes sindicales han sido asesinados por oponerse al Gobierno en los últimos dos años, el 60% de la población es pobre y cada vez se agudiza más la diferencia de ingresos en uno de los países más desiguales de América Latina. No por nada existen las Farc, que día a día intentan producir reformas sociales y políticas a favor del pueblo colombiano.
La persecución a cualquiera que proteste es pan de cada día en el país de Uribe, un presidente ligado a los paramilitares y que sólo busca eliminar a todo el que piense distinto a él para eternizarse en el poder. Ésta es la política que Piñera y Espina quieren replicar en Chile.
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